martes, 29 de marzo de 2011

Crónica de la subida a La Sagra (2381 m.)

  
Eran las 7:45 (hora menos en Canarias) del domingo 27 de Marzo ) cuando recogí a los dos primeros integrantes de la expedición en la gasolinera del Royo (Jesús y Jose), sorpresa la mía cuando veo que vienen provistos de ropa como para montar un Corte Inglés ya que les había metido mucho miedo con las inclemencias que íbamos a vivir en nuestra ruta. Cosa que veo adecuada y responsable por su parte, (pero Jose con un par de calcetines de repuesto hubiese bastado). Ni que decir tiene que venían súper motivados y dispuestos a conseguir el carné de montañero murciano en esta ruta.

Una vez los recogí, nos dirigimos al siguiente punto de encuentro, donde si que no fue ninguna sorpresa que cuando llegamos no hubiese nadie esperando ya que habíamos quedado con Cristina y Alejandro (ni que decir tiene que la que llega tarde siempre es Cristina).  Lo que si fue bastante sorprendente es ver a Carlos (el primo postizo de Cristina) llegar en moto y vaqueros, por lo que nada más bajarse de la moto le preguntamos - pero... ¿te vas a subir La Sagra en vaqueros? y más sorprendidos nos quedamos cuando nos dice: - que vaaaa si llevo un pantalón corto ahí detrás... (luego nos enteramos que hubo un malentendido entre la información que le dio Cristina y la percepción de Carlos del peligro que conlleva una ruta de este tipo).

Pasadas, una llamada de teléfono, la llegada de los otros integrantes del grupo Víctor y Juan Carlos  y 30 minutos, aparecieron Cristina y Alejandro y por fin pudimos salir a las 9:45 en dirección a La Sagra.

La verdad es que el camino de ida se hizo corto corto, con una animada conversación sobre las mujeres, la vida y las  dudas de Jose de la existencia de nieve en La Sagra, duda que quedó resuelta cuando llegamos a la altura de la Puebla de Don Fadrique y pudimos comprobar la cantidad de nieve que había.

Una vez llegamos al sitio, Carlos, en pro de su seguridad personal decidió volverse por donde había venido y  no arriesgar su vida en la montaña. Los demás tuvimos que superar nuestro primer escollo: la valla que cortaba el paso, escollo fácil que nos permitió coger el camino que iniciaba nuestra  ruta.

Y cogida la senda todo vino rodado (rodado cuesta arriba quiero decir), y cual fila de hormiguillas recorrimos el sendero que nos llevaba hasta el Collado de las Vívoras, donde no encontramos ninguna, lo que si encontré fue un rosal silvestre que me clavé en la mano y cuando me fui a dar cuenta la tenia como una butifarra (en fin cosas de la aventura).

Durante el trayecto también nos encontramos a nuestro guia perruno Lucas que nos llevó rectos hacia el Collado de las Vivoras donde nos tomamos nuestro primer almuerzo y alcanzamos a ver la primera de las cimas que nos esperaban en nuestra ascensión. 

Tras llegar al primer recodo empezó lo bueno de verdad, más nieve, más hielo y más pero mucho más viento, y ahí ya empezamos a sufrir un poquito metiendo hasta la rodilla los pies en la nieve y avanzando como las tortugas, intentando pisar lo menos posible esa nieve que te hacia que te hundieses como el Titanic jarrrr!!!

Ya cuando estábamos a mitad de camino de la segunda cima también conocida "mundialmente" como "la Sagra Chica" nos cruzamos con un grupo de "expertos" montañeros que habían coronado susodicha cumbre y se volvían sin llegar a la Sagra por la peligrosidad de cruzar la parte superior del embudo  sin crampones ya que estaba toda helada y soplaba un viento que te cagassss.
Escuchado su consejo, subimos hasta el recoveco donde pudimos comprobar que era cierto todo lo que decian, un viento del carajo, mucho hielo y ¡¡¡¡¡¡la cima a tan solo 400 metros!!!!!!, pero en fin haciendo uso del sentido común, al no ir preparados nos volvimos por donde vinimos y decidimos emprender la bajada.

Pero eso sí, la bajada la hicimos al más puro estilo Jamaicano arrastrando el culo o lo que es lo mismo el aislante de Jesús que hizo las veces de trineo en las modalidades tanto individual como por parejas. Esta bajada cada uno la hizo como quiso o pudo, algunos con el culo y poniendo los pies de freno, otros con el aislante y usando el bastón para frenar (cosa que no sentó nada pero que nada bien al bastón y supongo que al dueño tampoco), otros dando volteretas y haciendo acrobacias para no despeñarse (la forma más espectacular  de evitar una caída montaña abajo que he visto en mi vida).
 
Tras terminar la nieve, Cristina al considerar que Jesús no había hecho suficiente ejercicio,hizo como que se caía (bastante bien conseguido) y dejó escapar el aislante que voló algo así como 400 metros, hasta que Jesús en un alarde de autentico corredor de trails montaña abajo lo alcanzó.

Tras este incidente volvimos al collado donde coincidimos con el experto grupo de montañeros del que el cabecilla nos hizo una conferencia sobre los peligros de usar crampones y las caídas y almorzamos por segunda vez en compañía de Lucas que se nos volvió a unir, hasta 3 km. después donde nos dejó por otros montañeros que seguramente tenían más comida que nosotros...

Tras una animada bajada con un pequeño desvio y donde se nos perdieron Jesús y Jose momentaneamente llegamos a los coches y nos fuimos al restaurante donde nos pegamos una comilona de aupa con la camarera más experta en el arte del selfservice, en serio, es la primera vez que pago por montarme yo solo la mesa en un restaurante que se supone que tiene camareros que te sirven. Eso sí, la comida buena buena...

En fin, eso es todo, la montaña pudo con nosotros, pero nosotros demostramos que podremos con ella próximamente, cuando la meteorología nos sea más propicia. Un saludo y nos vemos en el camino!!!!


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